Muchas
personas relacionan las pérdidas auditivas con una edad avanzada.
Pero, a pesar de que muchas pérdidas auditivas se deben a la
edad, existen muchas otras causas que pueden resultar en una reducción
en la habilidad de oír.
Algunas pérdidas auditivas son congénitas y pueden
deberse a varios factores, como por ejemplo a una enfermedad durante
el embarazo, o a complicaciones durante el parto. Dependientemente
del tipo de pérdida auditiva, a menudo es posible compensarla
con un audífono.
Otros tipos de pérdidas auditivas son hereditarias y se
deben a factores genéticos en los padres. Estas pérdidas
auditivas se pueden empeorar con el tiempo y requerir audífonos
cada vez más potentes.
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